La ambivalencia en los consumos problemáticos
A continuación leerás sobre la ambivalencia y cómo puede interferir en el proceso de reducir o dejar el consumo de sustancias psicoactivas.
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS
Lic. Carlos Astorga
La ambivalencia en los consumos problemáticos: comprender el conflicto interno para avanzar en el cambio
En los procesos de cambio asociados a los consumos problemáticos, la ambivalencia constituye uno de los fenómenos psicológicos más centrales y, al mismo tiempo, menos reconocidos. Se trata de un estado interno de duda, tensión o conflicto respecto de la conveniencia, la necesidad o la prioridad de reducir o abandonar el consumo. Esta experiencia suele coexistir con el craving, entendido como el impulso o deseo intenso de consumir sustancias como alcohol, tabaco, marihuana u otras drogas psicoactivas.
La ambivalencia no expresa falta de voluntad ni debilidad personal. Por el contrario, es una respuesta esperable dentro del proceso de cambio y representa una fase intermedia en la que conviven, de manera simultánea, razones para sostener el consumo y motivos para modificarlo o abandonarlo. Comprender cómo se organiza este conflicto interno resulta clave para dar sentido a la experiencia subjetiva y para comenzar a recuperar la percepción de control sobre la propia conducta.
La ambivalencia adopta distintas formas según la etapa del proceso de cambio en la que se encuentre la persona: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. En la etapa de precontemplación, cuando no existe conciencia de problema, la ambivalencia aún no se ha instalado, ya que la persona no reconoce —o minimiza— las consecuencias negativas asociadas al consumo. Es en la etapa contemplativa cuando el proceso ambivalente comienza a manifestarse con mayor claridad: la persona reconoce ciertos efectos problemáticos de su conducta, pero al mismo tiempo sigue valorando los beneficios percibidos del consumo. Esta tensión marca el inicio de un conflicto interno que acompañará, con distintas intensidades y configuraciones, todo el recorrido hacia el cambio y la sobriedad.
Para avanzar en el trabajo clínico con la ambivalencia, no alcanza con reconocer que este conflicto interno existe ni con ubicarlo dentro de las etapas del cambio. Es necesario contar con un marco que permita observar cómo se expresa, momento a momento, en la experiencia cotidiana de la persona. En la práctica, la ambivalencia no aparece como una idea abstracta, sino como un diálogo interno permanente entre pensamientos que empujan en direcciones opuestas. Para comprender mejor esta dinámica —y poder intervenir sobre ella— resulta útil recurrir a una metáfora sencilla que ordene ese conflicto y lo vuelva más observable: la idea del colectivo y sus pasajeros.
El colectivo de los pensamientos: una metáfora para entender el conflicto interno
Una manera útil de ilustrar la ambivalencia es imaginar que sos un chofer de colectivo. A lo largo del recorrido, en cada parada suben distintos pasajeros que intentan indicarte por dónde ir, convencidos de que conocen el mejor camino para vos.
Esos pasajeros son tus pensamientos automáticos: evaluaciones rápidas, reglas internas, supuestos y creencias que aparecen sin que los elijas. Algunos de ellos facilitan el consumo; otros lo cuestionan y fomentan el autocontrol.
Pasajeros intuitivos
Los pasajeros intuitivos representan los pensamientos automaticos que surgen producto de un disparador interno o externo, esto es, una clave interna como la sensación de soledad o un evento externo como una critica del cliente. De entre los pasajeros intuitivos encontrmos tres subtipos los anticipadores, los facilitadores y los justificadores.
Estos pasajeros trabajan en pos del consumo, buscan que la persona consuma como objetivo existencial. Por ejemplo:
Los anticipadores dirán: "Cuando consuma voy poder sentirme mejor"
Los facilitadorees dirán: "Si llamo a Juan podría consumir esta noche"
Los justificadores dirán: "Después de tanto esfuerzo me merezco tomar"
Estos pensamientos buscan aliviar la incomodidad inmediata y empujar hacia el consumo y actuan como la dimensión cognitiva del craving.
Pasajeros esforzados
Son los pensamientos esforzados requieren tiempo, suben al colectivo con paciencia y se detienen a observar lo que sucede, a sopesar los pros y los contras de cada decisión, tiene en cuenta los riesgos y los premios potenciales de cada opción.
Por ejemplo:
“Si sigo tomando, pueden tener problemas de salud.”
“El consumo me está alejando de las personas que quiero.”
“Cuando consumo pierdo el control y después no me acuerdo de nada.”
Ambos grupos de pasajeros —intuitivos y esforzados— suben al colectivo sin pedir permiso. No podemos impedir que aparezcan, pero sí podemos decidir si seguimos o no sus indicaciones.
Reestructuración cognitiva: cuestionar la verdad de los pensamientos
Una herramienta central en la terapia cognitivo-conductual consiste en cuestionar la veracidad y la utilidad de los pensamientos automáticos, especialmente de los que facilitan el consumo.
Tomemos como ejemplo el pensamiento: “Todo el mundo toma alcohol; me voy a aislar si dejo de consumir.”
Si revisamos la evidencia epidemiológica disponible, encontramos datos que contradicen esta idea:
Aproximadamente el 50% de la población mundial no consume alcohol.
Solo alrededor del 10% de los adultos realiza episodios de consumo intensivo ocasional (más de cinco unidades de alcohol en un corto período).
Incluso en adolescentes, donde la prevalencia es más alta, estos episodios representan a un grupo minoritario, no a la totalidad.
Conocer estos datos permite reestructurar el pensamiento inicial: no es verdad que “todo el mundo toma”, y tampoco es cierto que dejar de consumir implique necesariamente aislamiento social.
Cuestionar los pensamientos facilitadores no elimina la ambivalencia, pero reduce su impacto en el craving y disminuye la fuerza con la que empujan hacia el consumo. Cuando evitamos pensar en ellos, suele funcionar como policias en un allanamiento; tocan la puerta, pero si no le abrimos, suelen romperla, asi los pensamientos aumentan su intensidad y frecuencia, se vuelven más intrusivos.
Construir pensamientos de control: una estrategia para sostener la abstinencia
Además de cuestionar los pensamientos que empujan al consumo, es útil fortalecer los que sostienen el cambio. Una forma práctica de hacerlo es elaborar una tabla de ventajas y desventajas del consumo.
Las ventajas suelen corresponder a pensamientos facilitadores.
Las desventajas se alinean con pensamientos de control.
Una vez que tengas clara tu lista de desventajas —problemas físicos, impacto emocional, deterioro en vínculos, pérdidas económicas, pérdida de control— podés utilizarlas como herramienta de afrontamiento en momentos de duda. Repetirlas en voz alta, leerlas o recordarlas activamente ayuda a contrarrestar la aparición de pensamientos facilitadores y reduce la probabilidad de que el craving escale.
La ambivalencia es parte natural del proceso de cambio en los consumos problemáticos. Comprenderla y trabajarla mediante estrategias cognitivas —cuestionar pensamientos automáticos, reestructurar creencias y fortalecer pensamientos de control— permite reducir la intensidad del craving, tomar decisiones más alineadas con los objetivos personales y avanzar hacia un cambio sostenido.
El objetivo no es eliminar la ambivalencia, sino aprender a navegarla con mayor claridad, realismo y control.
